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Hay una necesidad social por volver a lo rural. En esta demanda rural subyacen rasgos identitarios del pueblo que habita el territorio y su paisaje. Así se aprecia en la cultura popular, en las tradiciones y en las costumbres del mismo. En un paisaje plano como el de la llanura manchega reside una población con una identidad territorial cargada de un mix conceptual interesantísimo, en el cual se encuentran trazos estéticos como lo sublime. Esta identidad del territorio se ve reflejada en la colectividad y en el carácter grupal de los pueblos del mediterráneo.

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ENTRE LO RURAL Y LO SUBLIME.

Reflexiones sobre paisaje y llano manchego.

 

Lo rural está en auge. Basta con mirar la definición de la RAE en la que, desde su versión de 2001, ha visto la necesidad de actualizarse a sí misma dando para rural un único significado “perteneciente o relativo a la vida del campo y a sus labores”, omitiendo así el segundo punto en el que decía “inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas”. La RAE, haciendo función de conciencia social, se ha dado cuenta de que apegarse a cosas lugareñas y toscas es de necesidad para que lo más esencial no se pierda en el vacío. Cultivar las cosas de siempre, hacer semillero de costumbres. Cuidar de nuestra cultura popular. Dentro de la tarea de definir el concepto de paisaje se habla a menudo de paisaje rural. Entendemos así por paisaje un no lugar físico, un compendio de ideas y sentimientos que elaboramos a partir del lugar (Maderuelo, 1996, p.10). O también sería una parte del territorio que se comprende de un vistazo (Brinckerhoff, 2010, p.39). Se podría decir entonces que paisaje rural es la parte del territorio no urbano que se comprende de un vistazo; o el conjunto de ideas y sentimientos elaborados a partir del entorno natural. Según Rodolfo Caparrós quien es geólogo, geógrafo y urbanista especializado en paisaje, existe una condición moral del paisaje y esta misma se da cuando el paisaje se convierte en un bien comunal, fruto de sociedades sanas y arraigadas que han hecho un vínculo emocional con el espacio que habitan gracias a la fluidez de un proyecto colectivo y territorial. Caparrós propone el fomento del paisaje a través del uso de miradores. Si llevamos esta propuesta a nuestro campo de estudio, el llano manchego, encontraremos que ya en la cultura popular se da esta necesidad de contemplar el todo a vista de pájaro. Al remitir por ejemplo a la siguiente jota manchega encontramos que la letra dice:

 

Desde el alto Chinchilla se ve La roda

Albacete y Almansa, La Mancha toda

y desde el cielo

y desde el cielo

se ven a las manchegas que son luceros.

 

En el caso del llano manchego sería, tal vez, más propicio hablar de la colocación de contemplatorios en lugar de miradores. Al profundizar en el origen y desglose etimológico del verbo contemplar se encuentran remanentes al concepto templo que generan interesantes ramificaciones que conectan con la contemplación propia del paisaje. Cuando hablamos de un paisaje que nos sobrecoge lo calificamos de sublime. A grandes rasgos diremos que, al comprobar la fuerza de la naturaleza desde un punto cómodo sintiendo este momento como algo aterradoramente bello, experimentamos lo sublime. Y lo sublime no tiene por qué ir ligado a altas cordilleras ni la braveza del mar, que son imágenes románticas de nuestro imaginario cultural occidental. Lo sublime se experimenta también en un llano. Se aprecia la nada, el horizonte abierto, la inmensidad ante los pies que hace comprobar la propia pequeñez de manera vertical sobre la planicie. En el romanticismo el sentir de lo sublime se expande por Europa. Pero este sentir está ligado al individualismo, al “yo” ante y contra el universo, al deseo de querer manejar la fuerza de los paisajes que se observan, a la búsqueda de respuestas sobre cuestiones trascendentales del propio ser en el vasto entorno natural. Sin embargo, en los pueblos del mediterráneo esto es distinto ya que aquí la posición cultural del paisaje es algo grupal, es algo que viene dado por el rito y la tradición y es algo que se impregna de ética (Caparrós, 2020). Y este carácter grupal del sentimiento sublime del paisaje viene dado por la identidad territorial. Así pues, la identidad territorial en el llano manchego está claramente definida en lo rural y lo rural abarca desde las construcciones típicas en piedra seca que encontramos por toda la meseta, por ejemplo; a las tradiciones festivo gastronómicas unidas en su mayoría a procesos y fechas clave de la agricultura local; y a los rituales comunales localizados en esta zona marcada por la planicie y la escasez de lluvia; dando como resultado una población que habita un paisaje y convive en un territorio que se mece, a sí mismo, entre lo rural y lo sublime.

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

BRINCKERHOFF JACKSON, John. Descubriendo el paisaje autóctono, Edición de Joan Nogué, pág 39. Ed. Paisaje y Teoría, Biblioteca Nueva. ISBN: 978-84- 9940-195-9.

 

CAPARRÓS, Rodolfo. Recuperado el 22 septiembre 2021 de la web:

https://www.alvelal.net/single-post/2020/04/27/el-paisaje-parte-de-nuestra-identidad-territorial

 

MADERUELO, José Javier. Introducción: El paisaje. En: Actas de El Paisaje, II Curso Arte y Naturaleza, (Huesca 23-27 de septiembre de 1996). Ed. Diputación de Huesca. ISBN.: 84-86978-24-6.

 

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